Santa María Madre de Dios
- 1 ene 2018
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Jornada de Oración por la Paz En el antiguo Ordo el primero de enero, octava de navidad se celebraba, en lógica coherencia con los tiempos señalados en el evangelio de Lucas, la fiesta del Santísimo Nombre de Jesús, en la actualidad los jesuitas, así como los franciscanos celebran esta fiesta el 03 de enero. La fiesta del Santísimo Nombre de Jesús cedió el día a la actual solemnidad litúrgica de Santa María Madre de Dios, pues la Iglesia reconoce la importancia radical de María en la historia de la salvación. Ella – como dice san Pablo en la carta a los Gálatas – es la mujer que estaba presente en la plenitud de los tiempos (Cfr Gal 4. 4) y con su sí (Cfr. Lc. 1, 38) hizo posible que el Verbo se hiciera carne y pusiera su tienda entre nosotros (Cfr Jn. 1, 14) Además, hace cuarenta años (curiosamente un lunes también) el beato Pablo VI instauró la Jornada Mundial de Oración por la Paz, es por ello que nosotros debemos elevar nuestra oración con especial devoción a Cristo príncipe de la Paz para que por fin haya paz en el mundo entero. La liturgia de la Iglesia ha querido recoger estos tres elementos para que estén presentes en la oración de toda la comunidad de fe, así vemos referencias a la oración por la Paz en la primera lectura y el salmo, a la maternidad de María en la segunda lectura y el Evangelio y al Santísimo nombre de Jesús en el Evangelio. Dicho esto centrémonos en la figura de María, ella aparece en el Evangelio con una breve referencia “María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.” (Lc 2, 19). Los pastores habían llegados admirados de la aparición angelical, dando gloria a Dios, y hablando a todos de lo sucedido, María podría haberse envanecido, sin embargo prefirió guardarse todo aquello en su corazón, el lugar donde había engendrado a Jesús, en la intimidad entre Dios y ella, allí podría ir contemplando el misterio que se le hacía presente. En María no habían falsos triunfalismos engañosos, en ella la humildad resplandecía silenciosa meditando la acción salvadora de Dios. a veces como Iglesia podemos caer en la tentación de triunfalismos vacíos, de quedarnos con los primeros puestos, pero Dios derriba del trono a los poderosos y enaltece (Él enaltece) a los humildes. Pidamos a María que nos conceda su mirada contemplativa y su corazón meditativo para poder engendrar a Jesús en nuestro corazón y darlo a luz por nuestras obras santas Emmanuel Barrientos Coordinador F.E.G. Decir tu nombre, María, es decir que la Pobreza compra los ojos de Dios. Decir tu nombre, María, es decir que la Promesa sabe a leche de mujer. Decir tu nombre, María, es decir que nuestra carne viste el silencio del Verbo. Decir tu nombre, María, es decir que el Reino viene caminando con la Historia. Decir tu nombre, María, es decir junto a la Cruz y en las llamas del Espíritu. Decir tu nombre, María, es decir que todo nombre puede estar lleno de Gracia. Decir tu nombre, María, es decir que toda suerte puede ser también Su Pascua. Decir tu nombre, María, es decirte toda Suya, Causa de Nuestra Alegría. (Pedro Casaldáliga)

































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