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¿Cómo enfrentarnos al tema de la espiritualidad en el mundo?

  • 10 oct 2017
  • 7 Min. de lectura

Para enfrentarnos al tema de una espiritualidad en el mundo, lo primero que debemos hacer es preguntarnos por la condición de posibilidad de una espiritualidad que podríamos denominar secular, respondida esta pregunta hemos de señalar los puntos más importantes de un posible itinerario para esta espiritualidad secular. La ruta que propongo para el desarrollo de nuestra reflexión iniciará queriendo dar una definición del objeto de nuestro estudio de modo que nos sirva de base para el acercamiento al problema de la posibilidad de tal espiritualidad y por último como ya se ha dicho, presentaremos un itinerario practico. Sin más dilación, iniciemos. I. Espiritualidad secular San Ignacio de Loyola en la primera anotación a su famosa obra “Ejercicios Espirituales” afirmaba que: “Por este nombre de ejercicios espirituales se entiende todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de razonar, de contemplar; Porque, así como el pasear, caminar y correr son ejercicios corporales; por la misma manera, todo modo de preparar y disponer el alma, para quitar todas las afecciones desordenadas con el fin de buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del ánima, se llaman ejercicios espirituales”. Hay, entonces una serie de actividades que por sus características son de índole espiritual, de modo que realizándolas la persona ejercite su vida espiritual. Pero ¿Qué convierte una acción cualquiera que esta sea en un ejercicio espiritual? San Ignacio nos responde diciéndonos que ejercicios espirituales son todas las actividades que tienen como fin buscar y hallar la voluntad divina, disponiendo nuestro animo a la realización de esta para alcanzar la salvación. Nosotros haremos consistir la espiritualidad, por tanto, en la vida que se ejercita en buscar, hallar y realizar el proyecto salvífico de Dios, consistente este en la plena realización de su Reino en la historia del mundo. La espiritualidad al estar referida a la realización histórica del proyecto del Reino tiene un marcado acento mundano o si se prefiere secular. El lugar donde se concretiza el mensaje del Evangelio como relación de alteridad trascendente es la historia generando una danza armoniosa entre el yo histórico sujeto a la sucesión del tiempo y el tu trascendente que al entrar en comunión con el ser humano lo abre al horizonte infinito, culmen y meta de la existencia de este. Pero en el ideario religioso el concepto de espiritualidad fue progresivamente privatizándose, quedando encerrado tras los muros de monasterios y conventos, resultado lógico de la evolución histórica de la vida religiosa. La vida religiosa se comprende a sí misma como heredera de los grandes héroes de los primeros siglos del cristianismo. Efectivamente los primeros que entre los creyentes decidieron llevar una vida más significativamente unida a Cristo lo hacían en función de la perdida de la fuerza del testimonio de los mártires al concluir los siglos de persecuciones de la Iglesia primitiva. Los monjes anacoretas y cenobitas tomarían para sí la tea del Testimonio, convirtiéndose en mártires incruentos, andando por la “via perfectionis” se proponen como ejemplo, ciertamente inalcanzable en muchos casos para el pueblo llano, de la vida íntimamente ligada a Cristo. A ellos, que viven fuera del mundo, “fuga mundi” religados al tiempo de lo divino, de donde nace el concepto “vida religiosa” les compete lo propio de lo sagrado en cuenta el cultivo de la vida espiritual. De esta compresión de la espiritualidad podemos concluir dos cosas. En primer lugar, el carácter testimonial que esta comporta. Toda espiritualidad es dicente en cuanto que dice algo a sus contemporáneos y este algo es posibilidad una humanidad diferente que viva desde los valores del Reino de Dios La segunda característica que aun suele marcar la definición de espiritualidad es la “fuga mundi”. Aún existen muchas personas que creen que las practicas espirituales son una especie de huida de lo humano, un viaje fuera de la caverna, una fuga de la cárcel que es el cuerpo hacia realidades más sutiles y etéreas. Esta comprensión de la espiritualidad le concede su carácter desencarnado. Las sucesivas evoluciones de la vida religiosa hicieron que también la espiritualidad evolucionara en la comprensión de sí misma. Las ordenes mendicantes sacaron la vida monacal a la calle. Los frailes ya no hacían voto de estabilidad, andaban por pueblos y aldeas comunicando a todos y en particular a la gente sencilla las Buenas Nuevas del Reino de Dios, el pueblo no tendría que ir a los monasterios ahora los conventos se mudaban a las grandes ciudades. Con las órdenes mendicantes nacen las órdenes terceras, es decir, órdenes compuestas de Hombres y mujeres que aun sin abandonar la vida secular se adherían por medio de la profesión de los votos o promesas a una Orden religiosa La siguiente evolución aparece con los ejercicios espirituales. Las órdenes mendicantes ponían la espiritualidad al pie de calle, los ejercicios espirituales la metían en la vida ordinaria, de hecho, la primera versión de los ejercicios consistía en una propuesta que se podía llevar en medio de la vida ordinaria. Ciertamente los ejercicios ignacianos nacen en una época donde ya existía una exuberante vida de piedad esta solía consistir en prácticas devocionales, pero los ejercicios se apartan de esta noción de la espiritualidad y la hacen consistir en una adhesión más perfecta a la persona de Cristo, pero desde la propia experiencia de fe. La espiritualidad inicia su camino de universalización que encuentra en el Concilio Vaticano II, en su revalorización de la vocación del seglar y en su posterior desarrollo histórico el empuje necesario para alcanzar a todo creyente. Debido a la íntima unión que existía entre la vida religiosa, entendida como fuga mundi, y la espiritualidad, la espiritualidad y lo secular fueron comprendidos como conceptos contradictorios entre sí, quien vive en el tiempo no puede poner sus ojos en lo eterno y si lo hace lo hará como añoranza de algo que le aparece como un horizonte tan basto como inalcanzable. Por el nombre de seglar se comprende a todo aquel que vive sujeto a la sucesión del tiempo y ocupado en las tareas temporales en contraposición a quienes viven según el Orden de lo eterno, por tanto, seglar es todo fiel bautizado y no miembro de una orden religiosa. ¿cabe pensar, por tanto, en una espiritualidad propia para quien vive en medio de la sucesión de los tiempos? La respuesta a esta pregunta nace de la primera vocación de todo bautizado: la santidad. La realización de la vocación a la santidad se opera en el momento histórico concreto de cada uno de nosotros y desde las peculiaridades que confieren el propio estado de vida. la santidad adquiere, de esta manera, matices diferentes que proporcionan el colorido de vitalidad al jardín que es la Iglesia en medio del campo del mundo II. Lo que el alma es al cuerpo, eso son los cristianos en el mundo. El autor anónimo de la carta a Diogneto, describía en su breve escrito a los cristianos de su tiempo con unos términos que trascienden su misma época y nos alcanzan a todos los que queremos seguir a Jesús, afirmando “brevemente [que], lo que es el alma al cuerpo, eso son los cristianos en el mundo. El alma está esparcida por todos los miembros del cuerpo, cristianos hay por todas las ciudades del mundo. Habita el alma en el cuerpo, pero no procede del cuerpo: los cristianos habitan en el mundo, pero no son del mundo” Lo propio del cristiano no es la escapar del mundo, sino ser en el mundo un testimonio eficaz de la presencia transformadora de Dios. En su oración sacerdotal, la noche antes de su pasión, Jesús vuelto a su Padre le decía: "No Te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del mal” (Jn. 17,15) porque el mundo es el campo de labranza (Mt 13, 38) al que son enviados los discípulos del resucitado “Id por todo el mundo y predicad el evangelio” (Mc. 16,15) Para ser testigos del resucitado hasta los confines del mundo (Cfr. Hch. 1,8) haría falta tomarse en serio la llamada por la que Dios “nos ha hecho salir del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado” (Col 1, 13) convirtiéndonos en testigos de la luz de modo que “brille nuestra luz delante de los hombres, para que vean nuestras buenas acciones y glorifiquen a nuestro Padre que está en los cielos” (Cfr. Mt. 5, 16) III. Brille nuestra luz Soy consciente de que las dos primeras partes de este escrito pueden ser un poco complejo, pero es una necesaria introducción a esta última sección de nuestra reflexión en el que trataremos de presentar como un itinerario que ayude a vivir plenamente la vida espiritual en el mundo de hoy. 1. todo modo de preparar y disponer el alma Las tareas humanas, sean la que sean pueden ser un medio para disponer el alma de modo que Dios entre la propia historia y desde allí llegue a toda la humanidad. Nada hay más humano que nacer. Pues Dios entra en el mundo naciendo de María virgen. San Francisco, consciente de ello, dice en su carta a todos los fieles: “somos madres (de Jesús), cuando lo llevamos en nuestro corazón y en nuestro cuerpo (cf. 1 Cor 6,20), por el amor y por una conciencia pura y sincera; y lo damos a luz por medio de obras santas, que deben iluminar a los otros como ejemplo (cf. Mt 5,16)” 2. También entre los pucheros anda el Señor. La Teología de K. Rahner al subrayar la entrada de Dios en la historia por medio de la encarnación de Jesús, nos permite romper con estructuras de pensamiento que separaban lo trascendente de lo inmanente, la historia humana es el lugar donde se desarrolla la historia sagrada, en medio de nuestras oscuridades Dios abre las ventanas de sus heridas y por ahí en las llagas abiertas del resucitado, entra la luz del nuevo día, el domingo sin ocaso. 3. El amor se ha de poner más en obras que en palabras La construcción histórica del Reino consiste en la puesta en práctica de los valores del Reino en medio de nuestras realidades, en el lugar en donde hemos sido puestos para dar fruto. En eso consiste el amor, una continua salida de sí mismo para ir al encuentro del otro y en ese encuentro dignificarse ambos. Porque en esto consiste la ley y los profetas, en Amar, en amar de balde, hasta que duela de tanto amar. 4. Han de mostrarse alegres en el Señor No hay que ser extravagantes, las extravagancias espantan a los que tienen buenas intenciones, y en lugar de ser buen ejemplo solo sirve para ensoberbecerse, aprovechando en nada a quien les ve. Nosotros en cambio hemos de comportarnos como se comportaba Jesús, siguiéndole en todo. Y si tenemos que concluir esta hemos de pensar que estamos hechos para en todo Amar y Servir y nada más. Emmanuel Barrientos Arguedas Coordinador Fraternitas EG


 
 
 

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